
El tokonoma es un espacio de contemplación.
Nació en Japón entre los siglos XIV y XVI, durante el Período Muromachi. Formó parte de los templos, posteriormente encontró lugar en las residencias de la aristocracia y los samuráis y finalmente se arraigó a las casas y los chashitsu —espacios dedicados a la ceremonia del té.
Tradicionalmente, reúne distintos elementos como una caligrafía, un arreglo floral y un objeto de arte. Dispuestos cuidadosamente, estos elementos son una forma de expresión de quien crea el espacio.
El tokonoma es conceptual, no decorativo.
En la actualidad, este espacio también encontró lugar en galerías de arte, estudios y espacios de exhibición, manteniendo viva su esencia: crear un lugar para la contemplación.
Tokonoma de sala de té de 300 años. Ubicado en el estudio de Kasho Morioka - Kioto, Japón.
"Lo cotidiano"
El té sobre la mesa, el bowl de arroz tibio y los hashi que a duras penas aprendí a usar.
Mientras escribo en este espacio improvisado en Fuji, me pregunto si lo cotidiano es aquello que hacemos todos los días de manera repetida o esto que siento cada vez que un bowl de arroz llega a mi mesa mientras bebo el primer sorbo de té.

Pensé “Lo cotidiano” desde la mirada de aquello que lentamente termina volviéndose parte de nosotros.
Aquello que se repite de manera silenciosa hasta convertirse en costumbre. La sensación de familiaridad que aparece casi sin darnos cuenta.
Las cosas se vuelven parte de nuestra vida sin anuncios llamativos, sin siquiera notarlas demasiado. Pero cuando faltan, aparece un vacío.
Allí, en Japón, sentí esa familiaridad. Aquí, en Argentina, sentí por primera vez el vacío.
Fragmentos de una cotidianeidad perdida.
La costumbre de recibir, cada vez que me sentaba a una mesa, el bowl de arroz junto a un cuenco de té.
Para esta muestra, seleccionamos tres piezas de diferentes quemas realizadas por Fernando López: un bowl de arroz de 2024, un cuenco de té de 2025 y un shiboridashi de 2026.
Las piezas —cocidas a leña en hornos anagama y noborigama a partir de materias primas locales— se completan con una bandeja de madera maciza, mis hashi personales apoyados sobre un pequeño trozo de arcilla y una fotografía tomada durante mi viaje a Fuji en 2025.
Dispuestos en el tokonoma, estos elementos construyen una escena atravesada por la memoria, el territorio y la contemplación de lo cotidiano.
VER PIEZAS
Fernando López — Gaiman, Chubut
Fernando López es un alfarero radicado en Gaiman, Chubut, donde desarrolla su práctica a partir del vínculo directo con el territorio.
Su trabajo se caracteriza por el uso de materias primas locales —arcillas, arenas y limos de la región— que transforma a través del torno y la cocción a leña en alta temperatura.
La identidad del territorio ocupa un lugar central en su obra y en la manera en que cada pieza es concebida.
La cocción a leña deja espacio a la acción del fuego, que interviene cada pieza otorgándole carácter y singularidad.
Sus piezas, pensadas para el uso cotidiano, dialogan con la práctica del té desde la materia: superficies que conservan la huella del proceso, formas contenidas y una estética que encuentra belleza en lo esencial.
En su obra conviven técnica y observación, dando lugar a objetos que no sólo cumplen una función, sino que transmiten la esencia del territorio patagónico.
CONOCER A FERNANDO
Firenze abrió sus puertas el 20 de diciembre de 2012.
Es un espacio de escritura que, cada mañana, se abre también para quienes desean acercarse a conversar y compartir un té.
Aquí no hay una carta extensa ni una propuesta masiva. Hay una selección de tés que traigo de mis viajes de investigación: primeras cosechas, tés experimentales y tés de nueva temporada.
Firenze es un lugar de paso y de encuentro. Un espacio simple, donde el té acompaña la conversación y la pausa.

La música que suena cada mañana mientras escribo.
"MAÑANAS EN FIRENZE"


